2015: Construyendo una Cultura de Paz entre generaciones

 

Familias-2015

2015: Construyendo una Cultura de Paz entre generaciones

2015: Building a Culture of Peace Across Generations

Edsson Alexander González Campos[1]

egonzalezc0578@ulicori.net

Resumen

En 2015, la Fundación CEPPA fortaleció su compromiso con la construcción de una Cultura de Paz mediante procesos formativos dirigidos a activistas, adolescentes, estudiantes universitarios y familias. A través de talleres de Resolución Creativa de Conflictos y del Programa Alternativa a la Violencia, promovió el diálogo, la no violencia y la participación comunitaria. Las acciones desarrolladas durante el año evidenciaron que la paz se construye de manera integral cuando involucra a personas de distintas generaciones, consolidando comunidades más preparadas para transformar los conflictos de forma constructiva.

Abstract

In 2015, the CEPPA Foundation strengthened its commitment to building a Culture of Peace through training programs aimed at activists, adolescents, college students, and families. Through workshops on Creative Conflict Resolution and the Alternative to Violence Program, it promoted dialogue, nonviolence, and community participation. The initiatives carried out during the year demonstrated that peace is built holistically when it involves people from different generations, thereby strengthening communities that are better equipped to resolve conflicts constructively.

2015: Construyendo una Cultura de Paz entre generaciones

Cada año representa una nueva oportunidad para sembrar capacidades que permitan transformar los conflictos en oportunidades de crecimiento. Para la Fundación Centro de Estudios para la Paz (CEPPA), el 2015 estuvo marcado por una convicción que atravesó cada una de sus acciones: la construcción de una Cultura de Paz solo es posible cuando se fortalece a las personas en las distintas etapas de su vida y se generan espacios de encuentro entre generaciones.

El año inició el 13 de enero con un taller de activismo por la paz facilitado por Celina García en la sede de la Fundación. Más que una actividad formativa, este encuentro simbolizó el punto de partida de un año dedicado a fortalecer el compromiso ciudadano con la transformación social. Reunir a personas interesadas en convertirse en agentes de paz significó apostar por la formación de liderazgos capaces de promover relaciones más justas, respetuosas y libres de violencia en sus comunidades. Comenzar el año con quienes asumen la paz como una vocación reafirmó la misión de CEPPA de acompañar procesos que trascienden el aprendizaje individual para convertirse en acciones colectivas de cambio.

Durante el mes de marzo, la atención se dirigió hacia la población adolescente mediante procesos de Resolución Creativa de Conflictos (RCC) desarrollados en centros educativos. El 16 de marzo, Wendy Torres facilitó un taller con estudiantes del Colegio Técnico Profesional de Escazú y, pocos días después, el 24 de marzo, Aileen Vargas realizó una intervención similar en la Escuela Lanuaria Quesada.

Aunque desarrollados en contextos educativos diferentes, ambos espacios respondieron a una misma necesidad: brindar a las personas jóvenes herramientas para comprender, gestionar y transformar los conflictos de manera constructiva. La adolescencia constituye una etapa caracterizada por la búsqueda de identidad, la construcción de vínculos y el enfrentamiento cotidiano a diversos desafíos personales y sociales. En este contexto, promover habilidades para el diálogo, la comunicación y la convivencia pacífica representa una inversión en el desarrollo de ciudadanos capaces de relacionarse desde el respeto y la cooperación.

La segunda mitad del año permitió consolidar procesos formativos de mayor duración. Entre el 10 y el 24 de octubre y el 1 de noviembre, la sede de CEPPA acogió un proceso del Programa de Alternativas a la Violencia dirigido a estudiantes universitarios que realizaban su Trabajo Comunal Universitario. Esta experiencia integró la formación en Cultura de Paz dentro del compromiso social propio de la educación superior, permitiendo que las y los estudiantes fortalecieran competencias para intervenir de manera constructiva en sus comunidades.

La incorporación de jóvenes universitarios a estos procesos representó también una apuesta por la renovación generacional del movimiento por la paz. Al vincular la formación académica con experiencias vivenciales de transformación de conflictos, CEPPA continuó formando personas que no solo adquieren conocimientos, sino que desarrollan una ética de servicio basada en la no violencia, el diálogo y la responsabilidad social.

El año concluyó ampliando el alcance de la comunidad educativa. Del 11 al 13 de noviembre, Celina García y Aileen Vargas facilitaron un proceso de Resolución Creativa de Conflictos en el Centro Educativo Monterrey dirigido a padres y madres de familia. Esta iniciativa respondió a una comprensión integral de la educación para la paz: los aprendizajes que se promueven en las aulas encuentran mayores posibilidades de consolidarse cuando también son compartidos por quienes acompañan la formación cotidiana de niñas, niños y adolescentes.

Incorporar a las familias en los procesos educativos significó reconocer que la convivencia pacífica no puede limitarse al espacio escolar. La paz requiere coherencia entre los distintos ámbitos de socialización y demanda que las personas adultas también desarrollen habilidades para gestionar los conflictos desde el diálogo, la empatía y el respeto mutuo.

Las experiencias desarrolladas durante el 2015 reflejan una Fundación CEPPA comprometida con una visión integral de la construcción de paz. Más allá de intervenir en grupos específicos, las acciones del año evidenciaron la importancia de fortalecer simultáneamente a activistas, estudiantes, personas jóvenes, universitarios y familias, entendiendo que cada uno cumple un papel fundamental en la transformación de la convivencia.

Vista en retrospectiva, esta memoria recuerda que la Cultura de Paz no se construye únicamente mediante acciones aisladas, sino a través de procesos continuos que conectan generaciones, fortalecen comunidades y promueven liderazgos comprometidos con el bien común. El legado del 2015 permanece precisamente en esa comprensión: educar para la paz implica formar personas capaces de transformar su realidad y, al mismo tiempo, acompañar a quienes las rodean en ese mismo camino. Porque la paz, cuando se vive y se aprende colectivamente, deja de ser un ideal para convertirse en una responsabilidad compartida.


[1] Edsson Alexander González Campos, Estudiante de Bachillerato en Criminología, Universidad Libre de Costa Rica, San José, Costa Rica.

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