2016: Sembrar paz donde otros ven condena

TCU-2016

 Sembrar paz donde otros ven condena

Sowing peace where others see condemnation

Jennifer Solano Guadamuz[1]

jsolanog0001@ulicori.net

Resumen

En 2016, la Fundación CEPPA reafirmó su compromiso con la construcción de una cultura de paz mediante el Programa Alternativa a la Violencia (PAV), desarrollando procesos de formación con personas privadas de libertad y sus familias en el Centro de Atención Integral Jorge Arturo Montero Castro. Asimismo, fortaleció la vinculación con la academia al recibir estudiantes de Trabajo Comunal Universitario. Las experiencias de ese año demostraron que la transformación personal y la rehabilitación son posibles cuando existen espacios de diálogo, aprendizaje y reconocimiento de la dignidad humana.

Abstract

In 2016, the CEPPA Foundation reaffirmed its commitment to building a culture of peace through the Alternative to Violence Program (PAV), developing training programs for incarcerated individuals and their families at the Jorge Arturo Montero Castro Comprehensive Care Center. It also strengthened its ties with academia by hosting students participating in the University Community Service Program. The experiences of that year demonstrated that personal transformation and rehabilitation are possible when there are spaces for dialogue, learning, and recognition of human dignity.

Sembrar paz donde otros ven condena

El año 2016 representó para la Fundación CEPPA una oportunidad para reafirmar uno de los principios que ha guiado su labor desde sus inicios: toda persona posee la capacidad de transformarse cuando encuentra espacios seguros para el diálogo, la reflexión y el aprendizaje. En un contexto donde las personas privadas de libertad suelen ser definidas únicamente por los hechos que las llevaron al sistema penitenciario, CEPPA decidió apostar por reconocer su dignidad, su potencial y su capacidad para construir un proyecto de vida distinto.

Gran parte del trabajo desarrollado durante ese año se concentró en el Centro de Atención Integral Jorge Arturo Montero Castro, conocido como La Reforma, en la provincia de Alajuela. A través del Programa Alternativa a la Violencia (PAV), las personas facilitadoras acompañaron procesos formativos orientados al fortalecimiento de habilidades para la convivencia pacífica y la transformación de conflictos. Más que impartir talleres, el propósito consistía en crear espacios donde cada participante pudiera reflexionar sobre sus experiencias, reconocer el impacto de la violencia en su vida y descubrir herramientas para relacionarse de una manera diferente consigo mismo y con los demás.

Los procesos impulsados por el Programa Alternativa a la Violencia demostraron que la construcción de una cultura de paz también es posible dentro de los centros penitenciarios. Conceptos como la escucha activa, la comunicación efectiva, el manejo saludable de las emociones y la resolución pacífica de conflictos dejaron de ser únicamente contenidos teóricos para convertirse en prácticas cotidianas que promovían el respeto, la empatía y la cooperación entre los participantes. Cada encuentro evidenciaba que el cambio personal no depende exclusivamente del entorno, sino también de la oportunidad de desarrollar nuevas formas de comprender los conflictos y afrontarlos sin recurrir a la violencia.

CEPPA comprendió, además, que los procesos de transformación no se limitan a quienes cumplen una sentencia. La privación de libertad repercute profundamente en las familias, quienes también enfrentan incertidumbre, dolor y múltiples desafíos sociales y emocionales. Por ello, durante el 2016 el Programa Alternativa a la Violencia amplió sus acciones hacia los familiares de las personas privadas de libertad, promoviendo actividades que les permitieran expresar sus preocupaciones, fortalecer sus capacidades para afrontar las dificultades y construir redes de apoyo desde una perspectiva creativa y participativa. De esta manera, la paz comenzó a entenderse no solo como un proceso individual, sino también familiar y comunitario.

Paralelamente, la fundación mantuvo su compromiso con la formación de nuevas generaciones comprometidas con la construcción de paz. El 3 de febrero de 2016, las oficinas de CEPPA recibieron a estudiantes universitarios que iniciaban su Trabajo Comunal Universitario. Durante la jornada de inducción, facilitada por la directora Celina García, las y los estudiantes conocieron la trayectoria institucional, la filosofía de trabajo y el impacto alcanzado por la fundación tanto en Costa Rica como en otros países. Este espacio permitió acercar a futuros profesionales a metodologías de transformación de conflictos basadas en el respeto, el diálogo y la participación, fortaleciendo el vínculo entre la academia y la acción comunitaria.

Las experiencias vividas durante el año dejaron una enseñanza constante para el equipo facilitador. La retroalimentación compartida por las personas participantes evidenció que los procesos restaurativos generan cambios significativos cuando se construyen desde la confianza y el reconocimiento de la dignidad humana. Muchos manifestaron su deseo de recuperar la libertad para reconstruir sus vínculos familiares, abandonar las conductas que los condujeron al delito y ofrecer una nueva oportunidad a sus vidas. Estas expresiones recordaron que detrás de cada historia existen personas con aspiraciones, capacidades y un profundo anhelo de cambio.

Las memorias del 2016 reflejan que trabajar por la rehabilitación no significa desconocer la responsabilidad frente a los actos cometidos, sino reconocer que toda sociedad se fortalece cuando crea oportunidades reales para la transformación. La cultura de paz se construye precisamente allí donde la violencia parece haber ganado terreno, demostrando que el diálogo, la empatía y el aprendizaje pueden abrir caminos hacia nuevas formas de convivencia.

Al mirar este recorrido, la Fundación CEPPA reafirma una convicción que ha acompañado su labor durante décadas: ninguna persona debe ser reducida a sus errores. Cuando existen espacios para aprender, escuchar, sanar y reconstruir relaciones, también existe la posibilidad de transformar vidas. Esa fue, sin duda, una de las enseñanzas más valiosas que dejó el año 2016 y que continúa inspirando el trabajo de la fundación hasta el día de hoy.


[1] Jennifer Solano Guadamuz, Estudiante de Bachillerato en Criminología, Universidad Libre de Costa Rica, San José, Costa Rica.


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