Sembrar paz donde otros ven condena
Sowing peace where others see
condemnation
Jennifer Solano Guadamuz[1]
jsolanog0001@ulicori.net
Resumen
En 2016, la Fundación CEPPA reafirmó su
compromiso con la transformación humana al fortalecer su trabajo con personas
privadas de libertad mediante el Programa Alternativa a la Violencia (PAV). Los
talleres desarrollados en el Centro Penitenciario La Reforma evidenciaron el
valor del diálogo, la reflexión y las segundas oportunidades como herramientas
para la rehabilitación y la resocialización. Paralelamente, el acompañamiento a
estudiantes de Trabajo Comunal Universitario permitió compartir el impacto de la
labor de la Fundación, formando nuevas generaciones comprometidas con la
construcción de una cultura de paz basada en la dignidad y la inclusión.
Abstract
In 2016, the CEPPA
Foundation reaffirmed its commitment to human transformation by strengthening
its work with incarcerated individuals through the Alternative to Violence
Program (PAV). The workshops held at La Reforma Correctional Center
demonstrated the value of dialogue, reflection, and second chances as tools for
rehabilitation and resocialization. At the same time, mentoring students
participating in the University Community Service program allowed the
Foundation to share the impact of its work, fostering new generations committed
to building a culture of peace based on dignity and inclusion.
Sembrar paz donde
otros ven condena
Cada año representa un capítulo en la historia de la Fundación CEPPA,
pero algunos adquieren un significado especial por la población con la que
decidimos caminar. El 2016 fue uno de esos años. Nuestra labor se orientó con
especial énfasis hacia las personas privadas de libertad, reafirmando una
convicción que ha acompañado a la Fundación desde sus inicios: toda persona
posee la capacidad de transformarse cuando encuentra oportunidades, escucha y
acompañamiento.
Trabajar dentro del sistema penitenciario implica reconocer una realidad
que con frecuencia permanece invisible para la sociedad. Las personas privadas
de libertad suelen enfrentar no solo las consecuencias de sus actos, sino
también el abandono, el estigma y condiciones que muchas veces distan de
garantizar una vida digna. Sin embargo, reducir a una persona únicamente a los
errores cometidos significa desconocer su humanidad y la posibilidad de
reconstruir su proyecto de vida.
Desde esta perspectiva, el Programa Alternativa a la Violencia (PAV)
continuó consolidándose como una herramienta para promover procesos de
transformación personal. A través de metodologías participativas centradas en
el respeto, la reflexión y la construcción de relaciones no violentas, la
Fundación CEPPA abrió espacios donde los participantes pudieron fortalecer
habilidades para la resolución pacífica de conflictos, el reconocimiento de sus
emociones y la responsabilidad sobre sus propias decisiones.
Un momento especialmente significativo ocurrió los días 6, 7 y 8 de
septiembre, cuando el facilitador Javier Herrera desarrolló una serie de
talleres del Programa Alternativa a la Violencia en el Centro Penitenciario La
Reforma. Más allá de las actividades realizadas, fueron las experiencias
compartidas y la retroalimentación de los participantes las que confirmaron el
valor de estos procesos. Escuchar sus historias permitió comprender que ninguna
persona puede reducirse a un único episodio de su vida y que, incluso en
contextos de privación de libertad, es posible sembrar esperanza, fortalecer la
autoestima y construir nuevas formas de convivencia.
El compromiso de CEPPA con la formación también se reflejó en el
acompañamiento a estudiantes universitarios. El 3 de febrero se realizó una
reunión del Trabajo Comunal Universitario (TCU), facilitada por Celina García,
en la que las y los estudiantes conocieron con mayor profundidad el impacto de
los proyectos desarrollados por la Fundación tanto en comunidades nacionales
como internacionales. Estos espacios permitieron reconocer que el servicio comunitario
no solo beneficia a las poblaciones participantes, sino que también transforma
a quienes deciden involucrarse en la construcción de una cultura de paz.
Al recordar el 2016, reafirmamos que la paz no consiste únicamente en la
ausencia de violencia, sino en la creación de oportunidades para el cambio.
Trabajar con personas privadas de libertad significó creer en la capacidad
humana de aprender, reparar y comenzar de nuevo. Fue un año que nos recordó que
la rehabilitación y la resocialización no son ideales abstractos, sino procesos
que requieren compromiso, empatía y la firme decisión de reconocer la dignidad
de todas las personas.
Estas memorias nos invitan a mantener viva una certeza que sigue orientando el trabajo de la Fundación CEPPA: las circunstancias pueden marcar un momento de la vida, pero nunca determinan de forma definitiva quiénes somos ni quiénes podemos llegar a ser.
[1] Jennifer Solano Guadamuz, Estudiante de
Bachillerato en Criminología, Universidad Libre de Costa Rica, San José, Costa
Rica.

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